“Las cartas de amor se escriben empezando sin saber lo que se va a decir, y se terminan sin saber lo que se ha dicho.” Jean Jacques Rousseau.

Una de las características más bonitas desde mi punto de vista cuando se está enamorado es la expresión de estos sentimientos mediante una carta. Si puede ser, de puño y letra, pues cuando uno se sienta a escribir, es cuando más afloran los sentimientos, los pensamientos, es cuando mejor se sabe lo que se quiere decir, lo que se quiere expresar.Hoy en día estamos muy acaparados por las redes sociales. Me gustaría incluir en el saco los e-mails y tal, pero lo cierto es que la gente utiliza ya redes como Facebook como cuenta de correo personal con la cosa de los mensajes privados, por lo que tomaré como principal protagonista a las redes sociales, que día a día van ganando su posición en nuestra vida, hasta el punto de tomar control sobre ella en algunos aspectos.
Sin embargo, esto no ha sido siempre así. Hay un gran género epistolar de amor en la historia. Desde el más noble hasta el más humilde han tenido sus historias privadas, algunas veces representadas en forma de cartas y diarios. Hay cartas que impresionan más que otras, pues, como son de un contenido totalmente privado, muchas veces utilizan un lenguaje y dan unos datos que abren la boca de asombro de cualquiera.Cabe destacar que la mayoría de las veces, las cartas de amor que se encuentran están muy relacionadas con experiencias sexuales que han tenido ambos amantes. Algunas cartas son muy explícitas, otras tienden a ser más bonitas. Me gustaría exponer algún ejemplo de estas cartas de los que más me ha gustado leer, a ver qué opinión se merecen.
En primer lugar, quiero empezar por las cartas pertenecientes a la realeza.

Napoleón Bonaparte en su juventud
Vamos a empezar, sin hacer caso a un orden cronológico ni espacial, por Napoleón Bonaparte y una carta que le escribió a su esposa Marie-Josèphe Tascher De la Pagerie, con la que estuvo hasta 1809, año en el que decidió Napoleón divorciarse, pues, además de problemas relacionados con infidelidades, Marie-Josèphe, conocida como Josefina, no le había dado ningún hijo. Esta carta que vamos a leer, está escrita en 1795, un año antes de que se casaran y está llena de pasión, aunque no está tan cargada de contenido explícito como otras que comentaremos más adelante.
“París, Diciembre de 1795
Despierto lleno de pensamientos sobre tí. Tu retrato y la intoxicada tarde que pasamos ayer han dejado mis sentidos en la agitación. ¡Dulce, incomparable Josephine, qué efecto extraño tienes en mi corazón! ¿Estás enojada? ¿Veo tu mirada triste? Estás preocupada?… Mi alma duele de pena, y no puede haber descanso para tí amada; pero ¿todavía hay más guardado para mí cuando, rendido a los sentimientos profundos que me abruman, dibujo desde tus labios, desde tu corazón, un amor que me consume con fuego? ¡Ah! ¡Fue ayer por la noche que comprendí completamente cuán falsa es la imagen de tí que da tu retrato! Estás partiendo al mediodía; Te veré en tres horas. Hasta entonces, mio dolce amor, mil besos; pero no me correspondas ninguno, porque encienden mi sangre.”
El matrimonio se celebró en marzo de 1796, en la sala de casamientos del municipio, en la Rue d´Antin, un día antes de que Napoleón partiera rumbo al frente italiano. Napoleón la pidió un deseo a Josefina, escrito en una de sus cartas: “No pido amor ni fidelidad eternos, únicamente… la verdad, una franqueza ilimitada. El día que me digas “te amo menos” será el último día de mi amor o el último de mi vida”.
A la muerte de Josefina en 1814, aunque se dice que Napoleón no derramó ninguna lágrima por ella, se sabe que se encerró durante días en su casa sin querer salir, pese a

Carta original de Napoleón a Josefina
que él ya estaba casado con otra mujer. Cuando sucedió la muerte de Josefina, él estaba exiliado en Elba. Aún así, no pudo disimular de ninguna de las maneras su derrota emocional al enterarse de la triste noticia de su muerte. Hay una carta muy famosa de este romance del emperador francés, cuya datación no conozco, aunque imagino que será anterior a su divorcio con Josefina, con la que me gustaría terminar con su parte y pasar a otros personajes.
No le amo, en absoluto; por el contrario, le detesto, usted es una sin importancia, desgarbada, tonta Cenicienta. Usted nunca me escribe; usted no ama a su propio marido; usted sabe qué placeres sus las letras le dan, pero ¡aún así usted no le ha escrito seis líneas, informales, a las corridas!
¿Qué usted hace todo el DIA, señora? ¿Cuál es el asunto tan importante que no le deja tiempo para escribir a su amante devoto? ¿Qué afecto sofoca y pone a un lado el amor, el amor tierno y constante amor que usted le prometió? ¿De qué clase maravillosa puede ser, que nuevo amante reina sobre sus días, y evita darle cualquier atención a su marido? ¡Josephine, tenga cuidado! Una placentera noche, las puertas se abrirán de par en par y allí estaré.
De hecho, estoy muy preocupado, mi amor, por no recibir ninguna noticia de usted; escríbame rápidamente sus páginas, páginas llenas de cosas agradables que llenarán mi corazón de las sensaciones más placenteras.
Espero dentro de poco tiempo estrujarla entre mis brazos y cubrirla con un millón de besos debajo del ecuador.
Napoleón Bonaparte

Carlos III, un gran hombre en todos los sentidos.
Vamos a pasar a otro monarca, también de origen francés, aunque este reinó en España como el segundo de la casa de los Borbones; Carlos III, el hijo de Felipe V. Este se ve que se enamoró de su esposa la noche de bodas y decidió contárselo con pelos y señales a su madre, Isabel de Farnesio, mediante correspondencia. En el siguiente fragmento, Carlos III, que aún no era rey, le cuenta a su madre cómo le fue la noche de bodas y los días posteriores con Amalia de Sajonia, la hija de Federico Augusto II, rey de Polonia y duque de Lituania y Sajonia:
Nos acostamos a las nueve de la noche. Temblábamos los dos pero empezamos a besarnos y enseguida estuve listo y al cabo de un cuarto de hora la rompí. Desde entonces lo hemos hecho dos veces por noche y siempre nos corremos al mismo tiempo porque el uno espera al otro.
Carlos III y María Amalia de Sajonia contrajeron matrimonio en el año 1737, siguiendo la política de alianzas. Tuvieron 22 años de un, según parece, feliz matrimonio en el que el futuro rey ilustrado estuvo muy entregado. Un año después de la coronación de Carlos como rey de España, tras la muerte de su hermanastro Fernando VI, en 1759, el cual no tuvo descendencia, falleció Amalia. El mismísimo Carlos declaró que “en 22 años de matrimonio, este es el primer disgusto serio que me da Amalia”.
En contraposición de estas cartas pertenecientes a la realeza, de las cuales hay bastante material de donde rascar, me gustaría poner un ejemplo, algo más actual, de un escritor Irlandés el cual tuvo una correspondencia con su amante muy pero que muy subida de tono. James Joyce, vivía en 1909 con su familia en Trieste, aunque viaja a Dublin por negocios y se queda hasta finales de Diciembre. Hizo un trato con su mujer: escribirse cartas eróticas. Las cartas que escribió ella desaparecieron, sin embargo, las escritas por él se conservaron y se llegaron a publicar. Voy a compartir una carta de lo más sórdida de este hombre con su mujer. Apretaos los cinturones, que empieza.
“a NORA
Dublin, Diciembre 9, 1909
Mi dulce y traviesa pajarita cogedora. Aquí está otro billete para comprar lindos calzones o medias o ligas. Compra calzones de puta, amor, y asegúrate de rociarles las piernas con algún agradable aroma y también de mancharlas un poquito atrás.
Pareces ansiosa de saber cómo recibí tu carta que dices es peor que la mía. ¿Cómo que es peor que la mía, amor? Sí, es peor en una o dos partes. Me refiero a la parte en la

James Joyce
que dices que lo harás con tu lengua (no me refiero a que me chupes) y en esa amable palabra que escribiste bien grande y subrayada, pequeña canalla. Es excitante escuchar esa palabra (y una o dos más que no escribiste) en los labios de una chica. Pero prefiero que hables de ti y no de mí. Escríbeme una larga, larga carta, llena de esas y otras cosas, acerca de ti, querida. Ahora ya sabes cómo regalárme una erección. Dime las más pequeñas cosas acerca de ti tan detalladamente mientras sean obscenas, sucias y secretas. No escribas otra cosa. Deja a cada oración llenarse de sucias e impúdicas palabras y sonidos. Son lo más amo oír y ver en el papel, porque las más sucias son las más hermosas.
Las dos partes de tu cuerpo que hacen cosas sucias son las más amadas por mí. Prefiero tu culo, querida, a tus tetitas porque hace cosas más sucias. Si amo tanto tu coño no tanto por ser la parte de tu cuerpo que penetro, sino porque hace otra cosa sucia. Puedo pasar todo el día acostado putaneando mientras miro la divina palabra que escribiste, y la cosa que dices quisieras hacer con tu lengua. Desearía poder oír tus labios murmurando esas celestiales y excitantes palabras sucias, ver tu boca haciendo ruidos y sonidos sucios, sentir tu cuerpo culebreando debajo mío oír y oler los gruesos sucios pedos de niña irse pop pop fuera de tu hermoso culo desnudo de niña y coger, coger, coger el sexo de mi caliente villana, mi pequeña y cogedora pajarita, por siempre.
Estoy feliz ahora, porque mi putita dijo que quiere que lo hagamos por atrás, y quiere que la coja por la boca, y quiere desabotonarme y sacar mi petaca y chuparla como una teta. Más y más sucias que éstas cosas quiere ella hacer, mi pequeña y desnuda cogedora, mi pícara y culebreadora pequeña culeadora, mi dulce y sucia pedorrita.
Buenas noches mi pequeño coñito, me voy a acostar y jalármela hasta acabar. Escribe más y más sucio, querida. Hazle cosquillitas a tu pequeño pene mientras me escribes para que te haga decir peores y peores cosas. Escribe las palabras obscenas grandes y subrayadas y bésalas y ponlas un momento en tu dulce sexo caliente, querida, y también levanta un momento tu vestido y ponlas debajo de tu querido culito pedorreador. Haz más si quieres y mándame entonces la carta, mi querida pajarita cogedora de enojado trasero.
JIM”
¡Bravo!, estos papeles tenían que tener algo más que tinta en su formato original. La correspondencia ha sido desde hace ya mucho tiempo una forma de desahogo para los amantes, sea de una forma bonita, sea de una forma totalmente lasciva. Lo importante es expresarse, de la manera que mejor te salga. Bien puedes usar las cartas para hacer una confesión amorosa, ligeramente tintada de toques sexuales, como hacía Napoleón Bonaparte. Bien puedes desgastar la imaginación con burdas palabras que hagan enrojecer las mejillas de cualquier remitente. El caso es que la magia de las cartas ha estado siempre presente y hay una cantidad de material impresionante, que si decidiera ponerme a compartir por selección, esta entrada sería eterna.
Estos han sido unos pocos ejemplos, por no extenderme mucho, de lo que nos podemos encontrar. ¿Bonito verdad?, ¿No es triste pensar que todo esto que se puede conservar para siempre se nos vaya a quedar en gran medida en un mensaje virtual fácilmente destruible?Estoy totalmente seguro de que aún escribís cartas para este tipo de fines, solo levanto la reflexión para que esta bonita forma de llegar a tus seres queridos no se pierda.
